¿Cómo Ayudar a un Perro que Teme a su Amo?

Algunas personas acuden a consulta llenos de impotencia con el entrenador, porque sus lindos perros se derriten de miedo cuando ellos les alzan la voz apenas un poco más. Afortunadamente, los expertos del comportamiento canino tienen una explicación a esta situación y decidieron compartir varios consejos en este artículo.

Razones de Temperamento

Tal como sucede con el carácter y la personalidad en el mundo humano, cada perro tiene un temperamento particular que lo define y lo predispone a reaccionar con mayor o menor intensidad ante algún estímulo; de este modo, existen animalitos que se impresionan con mayor facilidad en comparación con otros, lo cual explica por qué algunos perros tienen una reacción de miedo exagerado frente a su amo.

En algunos otros casos, los cachorros y perros jóvenes se orinan frente a su amo, resultado de la emoción cuando lo ven regresar a casa o como consecuencia del temor que experimentan cuando su humano les alza la voz. Afortunadamente, esta reacción va desapareciendo conforme el animal madura.

Su refugio. Para empezar, es muy importante proporcionarle al perro un espacio donde se sepa protegido del mundo y a salvo de las amenazas que hay alrededor de él; esta función la puede cumplir una canasta, un Kennel, un sitio debajo de la mesa, o una camita acolchonada. Además, valdrá la pena indicarle a todos los integrantes de la familia que está prohibido tocar al animal cuando esté en ese lugar que ha adoptado como su refugio; ni siquiera está permitido que lo acaricien cuando el can se encuentre ahí. En este caso, la idea consiste en que el perro descubra ese espacio como un lugar donde está a salvo y en el cual puede refugiarse calmadamente, sin que nada ni nadie lo perturbe; como resultado, el can acabará por tranquilizarse.

Calma. Aquellas personas con un temperamento agresivo o impaciente deben saber que sus ataques de ira o nerviosismo acaban por destruir la confianza vital del perro, la cual se construye con mucho esfuerzo todos los días. Si así fuera el caso, el colérico humano deberá actuar responsablemente con sus emociones y contar hasta mil para conservar el aplomo frente al animal, el cual deberá ser llevado a otra habitación o cualquier otra zona alejada justo antes de que su amo gruñón pueda maldecir a gusto. Además, será muy util no mirar directamente a los ojos del perro, porque instintivamente es interpretado como una señal de amenaza o agresión.

Fortalecer la relación.

Cuando un perros le tiene miedo a su dueño, se aconseja fortalecer el vínculo entre ambos, dedicando más tiempo a brindarle cariños, a los paseos o los juegos; sin embargo, ese tiempo debe ser de calidad, por lo que deberá estar dedicado únicamente a la convivencia y en ese periodo de tiempo habrá que vetar las lecciones de obediencia o los entrenamientos.

Se aconseja evitar aquellos paseos en los que el amo grita para que el perro regrese a su lado; en estos casos, la mejor opción es usar una correa para mantener todo bajo control, así como buscar lugares cercados donde el humano pueda mantenerse en cuclillas mientras llama a su peludo amigo, felicitándolo cada vez que regrese a su lado.

El humano deberá exagerar las emociones de felicidad y usar un tono de voz agudo cuando el perro regrese; esto es muy importante porque los amigos peludos responden mejor a dichas entonaciones y por lo mismo, resultan más estimulantes que un “muy bien” entonado con una voz neutra.

Ejemplo a seguir. Si se trata de animales exageradamente miedosos, la recomendación será buscarle un compañero más confiado, porque les proporciona la sensación de contar con otro miembro de la manada que se mantiene relajado, a quien acabarán por imitar.

¿Sabías qué?

Cuando se trata de un perro que le tiene pavor a sus amos, será muy importante evitar los castigos y reservarlos para aquellos momentos en que es sorprendido en infraganti; no obstante, cabe señalar que estos animales responden mucho mejor si reciben refuerzos positivos cuando hacen algo bien. En otros casos, será necesario colocar trampas en zonas donde el can suele hacer travesura, a fin de que él mismo se proporcione su propio castigo sin la intervención de los humanos.